jueves, junio 4, 2026

4 oficios ancestrales que aún se practican en Nariño como hace 100 años

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Más que costumbres, estos oficios son expresiones culturales vivas que han perdurado por generaciones en los municipios de Nariño.

En varios rincones de Nariño, las tradiciones no solo sobreviven: florecen con orgullo. Los oficios que aún se practican en algunos municipios muestran una identidad fuerte. Son saberes que se heredan de generación en generación y que se adaptan sin perder su esencia.

En Sandoná, el tejido de sombreros de iraca sigue siendo una fuente de sustento y un emblema cultural. Las tejedoras, muchas de ellas mujeres que aprendieron este arte desde niñas, continúan trenzando con maestría esta fibra vegetal conocida también como paja toquilla. Esta práctica fue reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación en 2022.

La materia prima, el cogollo de la palma iraca, se cosecha en Linares, donde la temperatura ideal entre 20 y 22°C favorece su crecimiento. Tras el secado y el enrollado de la fibra, se teje en un telar de madera, lo que da lugar a diversas piezas, desde sombreros hasta otros artículos decorativos. La duración de cada creación varía entre un día y ocho meses, dependiendo de su complejidad,

Según el especial realizado por el Sistema de Información para la Artesanía – SIART, el tejido en iraca o paja toquilla en Sandoná no solo es una habilidad transmitida por generaciones, sino una práctica profundamente ligada a la identidad cultural del municipio. Aunque hoy es común ver a mujeres tejiendo sombreros, bolsos y elementos decorativos, en sus orígenes esta labor era ejecutada principalmente por hombres y en tiempos libres.

Los primeros conocimientos sobre esta técnica habrían llegado desde Ecuador, con la elaboración del tradicional sombrero “jipijapa”. La historia oral destaca a Don Juan Vivanco como uno de los primeros en enseñar el oficio en Nariño, hacia 1847, en el municipio de La Unión, desde donde se expandió a otros territorios, incluido Sandoná.

Con el paso del tiempo y gracias al impulso de figuras como el padre José María Ordoñez, el tejido se convirtió en una actividad económica clave y en un oficio liderado por mujeres. Mujeres que aún hoy se encargan de conservar y transmitir esta herencia.

La marroquinería en Belén, Nariño, es mucho más que una actividad económica. Es una tradición viva que se ha transmitido de generación en generación desde principios del siglo XX. En ese entonces, la necesidad de diversificar las fuentes de ingreso frente a la agricultura impulsó a las familias a experimentar con la curtición de pieles y la elaboración de productos en cuero. Con el tiempo, esta práctica se consolidó como el motor económico del municipio, representando hoy cerca del 70% de su economía.

En Belén, casi cada hogar tiene un taller artesanal donde se crean bolsos, billeteras, correas y otros artículos de cuero que son reconocidos por su calidad y diseño. Según el portal Colombia Bacana, este oficio es un legado familiar que ha dado al municipio un reconocimiento nacional. Iniciativas como la empresa local Belén Piel han sido clave para proyectar el talento de los artesanos y posicionar a la región como una de las más destacadas en el trabajo del cuero a nivel nacional. Esta técnica, que mezcla tradición, creatividad y oficio, se ha convertido en un símbolo de identidad para los belenitas.

En Carlosama, el trabajo con lana de oveja es un oficio que ha tejido generación tras generación la historia del pueblo indígena de los Pastos. Desde tiempos prehispánicos, las mujeres de este territorio han transformado la lana en prendas como ruanas, bufandas, cobijas y otros elementos. No solo protegen del frío, sino que conservan su identidad y cosmovisión.

Según relatos de los mayores, el proceso inicia con la esquila de la oveja, seguido del lavado, secado, cardado e hilado manual, y finalmente, el tejido, que tradicionalmente se realiza en guangas o telares de pedal. Estas técnicas fueron transmitidas por las abuelas y madres, y forman parte de una cadena cultural que ha resistido al olvido y la modernización. En Cuaspud y otros municipios como Guachucal, Cumbal e Ipiales, esta práctica sigue siendo símbolo de resistencia, identidad y sustento.

Una de las grandes exponentes de este legado es Flor Imbacuán, diseñadora indígena originaria de Carlosama, quien ha logrado fusionar este arte tradicional con el diseño contemporáneo.

Sus creaciones han llegado a pasarelas nacionales, llevando consigo el mensaje de que tejer es un acto de dignidad, de memoria y de territorio.

Flor Imbacuan, diseñadora indígena de Nariño, nominada al Premio Mujer CAFAM 2024

Según el Ministerio de Cultura de Colombia y la UNESCO, el Barniz de Pasto es una técnica artesanal única en el mundo, que tiene sus raíces en las comunidades indígenas que habitaron el suroccidente colombiano desde tiempos prehispánicos. Se realiza exclusivamente en San Juan de Pasto y consiste en decorar piezas de madera mediante la aplicación de una resina vegetal extraída del arbusto Elaeagia pastoensis, conocido localmente como mopa-mopa.

Este oficio tiene siglos de historia. Se sabe que antes de la llegada de los españoles ya se utilizaban técnicas de barnizado con esta resina, especialmente para ornamentar objetos ceremoniales.

Con el tiempo, los conocimientos se conservaron y adaptaron, hasta convertirse en el oficio que hoy se transmite de generación en generación. La resina se recoge en el Putumayo, se cocina y se estira a mano en finas láminas de colores que luego son aplicadas sobre objetos con un método minucioso que requiere precisión, destreza y paciencia.

Cada pieza puede tomar días de trabajo y refleja la identidad cultural y el legado artístico de la región. En 2020, esta práctica fue reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, consolidando su valor como una expresión viva del arte nariñense.

Lejos de desaparecer, estos oficios, de algunos qje siguen vivos gracias al arraigo de las comunidades, su organización local y, en algunos casos, procesos de turismo cultural que han visibilizado su importancia.

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Fuentes:

Artesanías de Colombia, SIART, Ministerio de Cultura de Colombia,Alcaldía de Belén de los Andes, Revista Nariño, Ministerio de Cultura de Colombia, UNESCO, Artesanías de Colombia, Museo Taminango, Señal Colombia, SITUR.

Realizado por:

Leidy Lisbeth Pascuaza Barco

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