Un medio de transporte que fue fundamental para movilizar carga y pasajeros.
Noticias Cali.
Cali guarda en sus calles recuerdos de épocas que marcaron su identidad. Uno de ellos es el tranvía, un medio de transporte que a comienzos del siglo XX conectó puntos estratégicos de la ciudad y que, aunque desapareció hace casi un siglo, todavía despierta curiosidad entre quienes quieren conocer cómo se movían los caleños de antaño.
La historia de la segunda estación del tranvía en Cali y su vínculo con el Parque Uribe Uribe
El historiador Ricardo Realpe recuerda que todo comenzó con lo que se conoció como el “tranvía de sangre”, un rudimentario vagón tirado por mulas que, a pesar de su precariedad, se convirtió en una alternativa de transporte en varias ciudades de América Latina. Cali no fue la excepción.
Hacia 1906, un ingeniero suizo llamado Emilio Bizot —quien había trabajado en el Ferrocarril del Pacífico— presentó al municipio un ambicioso proyecto: construir una red de tranvías para movilizar mercancías y pasajeros. Bizot, además de su experiencia técnica, poseía terrenos cerca del puente Ortiz, lo que facilitó el trazado de los planos.
La iniciativa fue respaldada por inversionistas de la época como Emiliano Otero, Ricardo Price, Francisco Menotti y Herman Bohmer. Con el proyecto aprobado y los recursos asegurados, el 20 de julio de 1910, durante la celebración del primer centenario de la Independencia, se inauguró oficialmente el tranvía de Cali.
El primer trayecto unía la galería central —ubicada entre las calles 12 y 13 con carrera 10, donde hoy se levanta el Palacio de Justicia— con Puerto Mallarino, a orillas del río Cauca. La ruta incluía una parada en El Troncal, en la carrera 8 con calle 36, y era fundamental para movilizar carga y pasajeros hacia Juanchito.
Pasados algunos años, con la llegada del ferrocarril a la ciudad, se abrió un segundo trayecto con una estación en La Ermita, recorría la carrera 1 hasta la estación del tren y conectaba también con Puerto Mallarino. Aunque funcionaban con locomotoras de vapor y no eléctricas, los tranvías representaron un salto en la movilidad caleña de la época.
Con el paso del tiempo, según explica el historiador Ricardo Realpe, comenzaron a surgir dificultades entre los accionistas. A esto se sumó que el municipio habría empezado a considerar que los servicios públicos, incluido el transporte, debían estar bajo su administración. Finalmente, en 1923 la empresa se terminó y fue liquidada tres años después, en 1926.
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