Las guaguas de pan son mucho más que una figura artesanal. En el corregimiento de Obonuco, en Pasto, su elaboración es parte esencial de una celebración que mezcla lo religioso, lo comunitario y lo ancestral.
En lo alto del corregimiento de Obonuco, zona rural de Pasto, el pan no solo se come: se venera. Las “guaguas de pan”, figuras de pan artesanal con forma humana, son el corazón de una tradición que ha sobrevivido al paso del tiempo y que año tras año cobra vida en los hogares, las iglesias y los altares comunitarios del suroccidente colombiano.
Las guaguas representan simbólicamente al “niño” —una figura que combina elementos del Cristo Niño y de las antiguas prácticas de ofrenda indígena—. Se elaboran en horno de leña y cada una es única: llevan vestiduras coloridas hechas de papel o tela, cabello de lana, y en algunos casos hasta nombres propios escritos con tinta. Estas figuras no se venden en las panaderías del centro, no son producto de consumo masivo. Se hornean en familia, con paciencia, como un acto de devoción.
Durante las fiestas patronales de San Pedro y San Pablo, celebradas a finales de junio y comienzos de julio, los habitantes de Obonuco construyen “castillos”: estructuras de varios niveles decoradas con flores, cintas y mensajes espirituales, en los que ubican las guaguas de pan junto a frutas, velas, maíz, fotografías y otros elementos simbólicos. Cada castillo se convierte en una especie de altar doméstico que refleja la vida, la historia y las plegarias de quienes lo levantan.
En Obonuco, las guaguas de pan no son entregadas al azar. Muchas familias eligen a un padrino o madrina que, con cariño y responsabilidad simbólica, se hace cargo de la guagua como si fuera un niño verdadero. El acto de apadrinar no solo representa protección y afecto, también es una forma de renovar lazos familiares y comunitarios.
Quien recibe la guagua debe cuidarla, llevarla al altar del castillo, y participar en las festividades como parte activa de la celebración. En algunos casos, se organizan rituales íntimos donde la guagua es vestida y presentada, como en una especie de bautizo. Incluso, hay quienes conservan las guaguas por años, como símbolo de promesas cumplidas o como parte de una herencia cultural que no se puede romper.
El origen de esta tradición se remonta a una mezcla de costumbres indígenas y prácticas traídas por los misioneros españoles. Las guaguas, como ofrenda, fueron integradas con el tiempo a las festividades católicas, pero mantienen una esencia ritual que va más allá de lo religioso: son símbolo de fertilidad, gratitud, esperanza y continuidad familiar.
En Obonuco, el ritual de hacer pan es una forma de mantener vivos los vínculos con los ancestros y de enseñar a los más jóvenes sobre el valor de las costumbres. La fiesta de las guaguas de pan no es un evento para turistas, es una expresión cultural de profunda intimidad comunitaria.
Aunque muchas personas en el país desconocen esta tradición, para los habitantes de Obonuco es motivo de orgullo. Las guaguas de pan no se compran: se heredan, se hacen en comunidad y se entregan como promesa o agradecimiento. Son pan y son cuerpo. Son alimento y símbolo.
Fuente:
• Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología, artículo “Variaciones históricas en las fiestas de San Pedro y San Pablo en Obonuco”.
• Archivo fotográfico del portal “Mi guagua de pan 15”.
• Entrevistas locales recogidas por el Instituto Departamental de Cultura de Nariño.
Fotos: Fabio Martínez
Realizado por: Leidy Lisbeth Pascuaza Barco