Una falla geológica que destruyó 451 viviendas y desplazó a más de 1.600 personas de la comunidad indígena de Aponte, se firma un convenio para la construcción de nuevas viviendas.
Noticias Nariño
Casi diez años después de la devastadora emergencia ocasionada por una falla geológica que destruyó más de 451 viviendas y obligó a la evacuación de más de 1.600 personas, la comunidad indígena Inga de Aponte y los campesinos que habitaban la región inician en el proceso de reasentamiento.
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El acuerdo, que contempla una inversión inicial superior a los 34 mil millones de pesos, tiene como objetivo garantizar el bienestar de las más de 1.600 familias afectadas. La primera fase del proyecto se centrará en el alistamiento del entorno urbano, con la construcción de infraestructura básica como agua potable, electricidad y espacios públicos.
Además, se realizará el diseño y la construcción de nuevas viviendas, todo ello basado en estudios y diseños previos que aseguran la seguridad y la viabilidad del proceso.
El proyecto se llevará a cabo en un terreno proporcionado por la comunidad indígena de Aponte, el cual ha sido elegido por su estabilidad geológica, lo que garantiza la seguridad de la reubicación de las familias. Este avance llega después de años de lucha comunitaria.
En un acto simbólico, la firma del convenio fue presidida por Carlos Carrillo, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo (UNGRD), Luis Alfonso Escobar, gobernador de Nariño, Iván Ordóñez Bolaños, alcalde de El Tablón de Gómez, y Hernando Santacruz, gobernador de la comunidad indígena de Aponte.
Financiamiento Interinstitucional
El financiamiento del proyecto será interinstitucional y comunitario. De los 34 mil millones de pesos destinados para la primera fase, 13 mil millones serán aportados por la Gobernación de Nariño, 500 millones por parte de la Alcaldía de El Tablón de Gómez, y el resto será financiado por la Nación. Además, la comunidad indígena de Aponte aportará el terreno donde se llevará a cabo la reubicación.
Este pacto representa un compromiso transformador para la calidad de vida de las comunidades afectadas, especialmente para las poblaciones indígenas y campesinas que han estado esperando durante años una solución definitiva.
Además de la reconstrucción física, el proyecto contribuirá a la recuperación del tejido social, permitiendo un libre desarrollo de los usos propios y promoviendo un entorno de paz, armonía con la naturaleza y respeto por la cosmogonía de los pueblos indígenas de Nariño.
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