En medio del paso del tiempo y los cambios culturales, hay pueblos de Nariño que aún conservan con fervor las tradicionales fiestas patronales, donde la fe, la música, el baile y la gastronomía unen a las comunidades.
Las fiestas patronales son más que celebraciones religiosas: son expresiones vivas del arraigo, la memoria colectiva y la resistencia cultural. En Nariño, estas festividades han sido fundamentales para mantener el tejido social y reafirmar las identidades locales. Aunque en muchos lugares han cambiado o perdido fuerza, en otros se siguen celebrando “como antes”: con misas, procesiones, música andina, danzas típicas y la participación activa de toda la comunidad.
Estos son cinco pueblos nariñenses donde las fiestas patronales se celebran con la misma devoción y alegría que hace siglos:
En este municipio del norte nariñense, la fiesta del patrón es una de las más antiguas de la región. San Lorenzo Mártir es celebrado con misas solemnes, danzas tradicionales como los caballitos de madera, juegos pirotécnicos y el tradicional caldo de gallina. Las familias regresan desde otras ciudades solo para compartir esta fecha con sus raíces.
Cada año, la comunidad de Funes se reúne para honrar a la Virgen del Rosario. La fiesta incluye novenas, procesión, música de chirimía y platos típicos. Según cronistas locales, esta devoción se remonta a la llegada de los españoles y se ha transmitido por generaciones.
En Pupiales, la figura de San Juan Bautista convoca a miles de fieles. La celebración se extiende por varios días con alboradas, corridas de toros, verbenas y feria artesanal. El acto central es la tradicional bajada del santo desde la iglesia, entre rezos y banda papayera.
Aunque el santuario está en Ipiales, Cumbal mantiene su propia fiesta en honor a la Virgen de Las Lajas. La comunidad indígena de los pastos participa activamente con trajes típicos, cantos en lengua originaria y comida tradicional como el cuy asado y los tamales de maíz.
La fiesta de San Pedro en Sapuyes ha resistido el paso del tiempo. Se inicia con la tradicional entrada del santo acompañado de músicos y bailarines, seguido por actividades deportivas, juegos populares y un gran desfile de comparsas. El pueblo se engalana con flores, banderas y mucha alegría.
Estas celebraciones no solo honran a los santos patronos, también son una forma de resistencia cultural, donde la comunidad reafirma su identidad y el sentido de pertenencia al territorio. Las fiestas patronales son, en muchos sentidos, el corazón espiritual de estos pueblos.
Fuente: Entrevistas con habitantes locales, recopilación de archivos históricos municipales, medios locales como Nariño Cultura Viva, El Cronista del Sur, página oficial del IPCC Pasto y archivo de la Gobernación de Nariño.
Realizado por: Leidy Lisbeth Pascuaza Barco