En muchos rincones de Nariño se preparan delicias típicas, pero hay municipios donde ciertos platos adquieren un valor especial por su historia, preparación o presencia en celebraciones locales.
Nariño es un departamento reconocido por su diversidad cultural y gastronómica. Sus municipios, aunque conectados por una identidad regional común, han desarrollado tradiciones culinarias propias que reflejan su historia y geografía. Muchos de los platos típicos se pueden encontrar en varias zonas, pero hay pueblos donde estas recetas se han vuelto emblemas locales, con preparaciones más tradicionales, ingredientes propios del territorio o festividades en las que cobran un significado especial.
Aunque en otros municipios del altiplano se prepara, en Pasto la juanesca tiene un lugar destacado, sobre todo durante la Semana Santa. Es una sopa espesa hecha con calabaza, frijoles, maíz, papas, ocas y queso, que representa la abundancia y la tradición familiar.
Origen y tradición: La juanesca es una sopa tradicional que se prepara especialmente durante la Semana Santa en Nariño. Es un plato que refleja la mezcla de ingredientes autóctonos y la influencia religiosa.
Preparación: Se elabora con calabaza, maíz, ocas, fríjoles y otros ingredientes, cocidos en una base de caldo de verduras.
Origen y tradición: El cuy, o conejillo de Indias, es un plato ancestral en la región andina. En Nariño, especialmente en municipios como Pasto, Ipiales, Sandoná y Túquerres, el cuy asado es un manjar tradicional que se prepara en ocasiones especiales y festividades.
Preparación: El cuy se adoba con ajo, comino y otros condimentos, luego se asa a la brasa hasta que su piel queda crujiente. Se acompaña con papas, maíz tostado y ají de maní.
Los quimbolitos son un dulce tradicional del sur de Colombia, especialmente en Nariño, y de la sierra ecuatoriana. Su nombre proviene del quichua, aunque su etimología exacta es desconocida. Estos pasteles se elaboran con una masa a base de harina de maíz, mantequilla, huevos, azúcar y queso fresco, y en ocasiones se les añade pasas o chocolate. La mezcla se envuelve en hojas de achira o plátano y se cuece al vapor, resultando en un bocado esponjoso y aromático que se disfruta comúnmente en desayunos o meriendas, acompañado de café.
Aunque su origen se remonta al siglo XIX, los quimbolitos han mantenido su presencia en la gastronomía nariñense, siendo una muestra de la riqueza culinaria andina y de la fusión cultural entre Colombia y Ecuador. Su preparación y consumo reflejan la importancia de las tradiciones y la identidad regional en la cocina local.
El locro nariñense es una sopa tradicional de los Andes colombianos, especialmente popular en el departamento de Nariño. Su base incluye papas criollas como la papa pastusa, leche, queso fresco y un hogao hecho con cebolla, ajo y tomate. Se le pueden agregar ingredientes como ollucos, ocas, habas y hierbas frescas, dependiendo de la zona.
En municipios como Cumbal, por ejemplo, se enriquece con manteca de cerdo y se sirve acompañado de cuajada o queso campesino. Aunque es un plato humilde, el locro tiene un profundo valor cultural: se prepara en ocasiones especiales como la Semana Santa y representa el compartir familiar y la conexión con los ingredientes ancestrales de la región.
Esta sopa espesa y reconfortante no solo alimenta el cuerpo, sino también la memoria colectiva del pueblo nariñense. Su preparación tradicional se ha transmitido de generación en generación, y es común encontrarla aún hoy en cocinas rurales y urbanas del sur del país, especialmente en zonas donde se conservan con orgullo las prácticas culinarias ancestrales.
Aunque se consigue en mercados y ferias de toda la región, el frito tiene un arraigo especial en Pasto, donde es el infaltable en el Carnaval de Negros y Blancos. Se prepara con carne de cerdo frita, papas, mote y ají.
Origen y tradición: El frito pastuso es una fritada de carne de cerdo que se ha convertido en un símbolo culinario de Pasto. Se sirve comúnmente en ferias y celebraciones locales.
Preparación: La carne de cerdo se corta en trozos y se fríe en su propia grasa hasta quedar dorada. Se acompaña con mote, papas y ají.
Doña Rosario explica detalladamente los ingredientes y el proceso de cocción, brindando consejos prácticos para lograr el sabor auténtico de este plato típico.
El hornado es uno de los platos más tradicionales y representativos de Nariño, especialmente popular en la ciudad de Ipiales. Este delicioso platillo tiene sus raíces en la gastronomía andina, con una receta que ha pasado de generación en generación. Se prepara a base de carne de cerdo, que se adoba con una mezcla de ajo, comino, achiote y, a veces, cerveza o chicha.
La carne se cocina lentamente en un horno, lo que permite que se ablande y quede jugosa por dentro, mientras que la piel adquiere una textura crujiente y dorada. Aunque es tradicionalmente servido con mote, en Ipiales es común acompañarlo con llapingachos, plátano maduro frito, ensalada fresca y un toque de ají de maní, lo que lo convierte en un plato muy completo y sabroso.
En Ipiales, el hornado es más que un platillo: es un ícono de la cultura local, consumido tanto en reuniones familiares como en festividades especiales. Las familias y restaurantes locales, especialmente en la zona de Las Cruces, se destacan por su habilidad para preparar este platillo, convirtiéndolo en una verdadera tradición gastronómica. Además, se ha convertido en un atractivo para los turistas que visitan la región, quienes no pueden dejar de probarlo en su paso por esta ciudad.
El Encano es reconocido por su oferta gastronómica centrada en la trucha, especialmente durante el Festival de la Trucha, que se celebra anualmente en enero. Este evento incluye concursos gastronómicos donde se premian las mejores preparaciones tanto tradicionales como gourmet. En la edición más reciente, restaurantes locales como Puerto Lindo, Muelle Uno y Naturalia fueron destacados por sus innovadoras recetas, mientras que establecimientos como El Lago, Ruta del Sabor y El Turista fueron reconocidos por mantener vivas las preparaciones tradicionales.
Las preparaciones tradicionales suelen incluir trucha frita o al ajillo, acompañada de papas, arroz y ají de maní, mientras que las versiones gourmet exploran combinaciones con ingredientes locales como calabaza ahumada y hierbas andinas.
Además, la trucha es un atractivo turístico que impulsa la economía local. Los visitantes de la Laguna de La Cocha suelen disfrutar de este plato en los numerosos restaurantes familiares que bordean el lago, contribuyendo al desarrollo sostenible de la región.
La gastronomía de Nariño no solo deleita el paladar, sino que también es una forma de contar la historia de sus pueblos. Con cada receta tradicional, se preservan formas de vida, identidades locales y saberes transmitidos de generación en generación. Visitar estos municipios y probar sus especialidades es una invitación a recorrer el corazón cultural del sur de Colombia.
Realizado por: Lisbeth Pascuaza Barco