jueves, junio 4, 2026

Del abismo a la taza: Dayan, el joven que encontró en el café su segunda oportunidad

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La vida de Dayan Méndez Serna, hoy técnico en Servicios de Barismo y monitor de la Escuela Nacional para la Calidad del Café en Armenia, no siempre tuvo aroma a café ni sabor a esperanza. Durante casi ocho años, este joven conoció cerca del mundo de la drogadicción y la oscuridad de los ambientes más hostiles. Pero su historia no terminó ahí: el SENA se convirtió en el punto de partida de una transformación que hoy inspira.

“Vivía en ambientes muy difíciles por voluntad propia. Hice cosas de las que no me siento orgulloso. Jamás imaginé que llegaría a ser barista, menos aún que el café se convertiría en mi salvación”, confiesa Dayan con honestidad.

Todo cambió cuando, en busca de una oportunidad para estudiar, se inscribió en un curso corto del SENA, sin saber ni qué era el barismo. Lo que empezó como una elección al azar, se convirtió en una pasión. “Fue amor a primera vista”, recuerda.

En las aulas y laboratorios del SENA encontré mucho más que formación técnica: halló disciplina, ciencia, arte y sentido de pertenencia. Allí empezó a redescubrirse. “El barismo me enseñó que mis manos, que antes hacían daño, ahora podía crear algo hermoso”, dice con orgullo.

Durante su proceso aún enfrentaba la lucha contra las adicciones, pero encontró en el SENA un entorno que lo acogió. “Nunca consumí dentro del SENA. Allí entendí que tenía un problema y que debía hacer algo”, relata.

El punto de quietud llegó con una noticia que transformó por completa su vida: iba a ser papá. “Decidí que no podía seguir así. Me fui de la ciudad, viví con una tía, pasé por el infierno de la abstinencia… pero lo logré. Llevo casi diez meses limpio”, afirma emocionado.

Hoy, Dayan es una figura admirada por instructores y compañeros. Ha sido barista oficial en eventos institucionales del SENA y ha recibido incluso ofertas laborales para trabajar en el extranjero. Pero más allá de lo profesional, su historia es testimonio de que la superación sí es posible.

“El café se volvió parte de mi vida. Es mi oficio, mi pasión y mi terapia. Me salvó. Y quiero que otros jóvenes sepan que sí se puede salir”, concluye.

A quienes atraviesan por momentos difíciles, les deja un mensaje claro: “No vale la pena intentar encajar en una sociedad que a veces solo te arrastra. Sé tú mismo, valorate, cuida tu cuerpo y busca un propósito. El mío, sorprendentemente, fue el café”.

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