viernes, junio 5, 2026

«En Bogotá el silencio es un lujo que solo pueden pagar los estratos altos», advierte Universidad Nacional

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Más del 85 % de las zonas residenciales de Bogotá superan los límites legales de ruido establecidos, tanto en el día como en la noche.

Un estudio de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) revela que el acceso al silencio en la capital está directamente relacionado con la capacidad económica de sus habitantes, convirtiéndose en un indicador de inequidad urbana.

La investigación, desarrollada por Andruss Mateo Ávila Silva, especialista en Análisis Espacial de la UNAL, analizó datos de las estaciones de monitoreo ambiental del Distrito junto con información sobre pobreza, densidad poblacional y uso del suelo. El estudio permitió identificar los sectores donde la contaminación sonora es más intensa y cómo esta situación se asocia con las condiciones socioeconómicas de la población.

“Durante el día apenas el 12 % de las viviendas residenciales cumplen la norma de 65 decibeles establecida por la Resolución 0627 de 2006. En la noche la situación es aún más crítica, pues solo el 0,3 % de las áreas habitacionales permanece dentro de los límites legales”, explicó el investigador.

Localidades con mayores índices de ruido en Bogotá

El estudio señala que las localidades con mayor contaminación sonora son Bosa, Kennedy, Ciudad Bolívar y Rafael Uribe, ubicadas en el sur y suroccidente de la ciudad. En estos sectores, la mezcla de usos del suelo —viviendas junto a talleres, comercio, bares o transporte pesado— genera una exposición constante al ruido. En contraste, zonas como Chapinero alto y Usaquén mantienen niveles sonoros por debajo de los límites establecidos, lo que las convierte en los pocos lugares donde todavía se puede descansar con relativa tranquilidad.

En sectores como Kennedy, Bosa y Ciudad Bolívar los niveles de ruido superan los 70 decibeles, cifra que corresponde a zonas industriales o de espectáculos nocturnos.

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La investigación identificó que las principales fuentes de ruido provienen del tráfico vehicular, las rutas de transporte público y las actividades comerciales. Las grandes avenidas actúan como “corredores de ruido” que afectan barrios enteros, especialmente en áreas con alta densidad poblacional y bajos ingresos.

El estudio también evaluó el acceso a los llamados “refugios sonoros”, como parques y bibliotecas. Los resultados muestran que solo un tercio de los bogotanos vive a menos de un kilómetro de un espacio silencioso. Sin embargo, muchos de estos lugares se ven afectados por la congestión vehicular o por la realización de eventos masivos que alteran su función de descanso. Casos como el Parque El Tunal o el Parque Entre Nubes ilustran cómo los entornos que deberían ofrecer silencio están rodeados de ruido urbano.

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