Ubicada en el sur de Nariño, en límites entre los municipios de Cumbal y Guachucal, la Laguna de Cumbal es un ecosistema estratégico de páramo que por su belleza e importancia ambiental, sigue impulsando el turismo masivo.
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A más de 3.400 metros sobre el nivel del mar se encuentra uno de los tesoros naturales más silenciosos del sur de Colombia: la Laguna de Cumbal, también conocida por algunas comunidades como Laguna de La Bolsa. Este espejo de agua se forma en las faldas del Volcán Cumbal y está rodeado por un paisaje de frailejones, encenillos, pajonales y otras especies propias del ecosistema de páramo.
La laguna abastece a varias comunidades indígenas del resguardo de Cumbal, es fuente de nacimiento de ríos como el Cuacé y forma parte del sistema hídrico que recarga subcuencas como la de Cusculgo y Capotes. Además, sus aguas frías sirven para la cría de trucha arcoíris, actividad que ha sido promovida de manera responsable por algunas familias locales.
Para los habitantes de la zona, este lugar no solo representa una fuente de vida natural, sino también un símbolo cultural ligado a las tradiciones andinas y a la memoria del volcán. En décadas pasadas, era común que se extrajera nieve del Cumbal para preparar helados artesanales en los pueblos cercanos, una práctica que todavía se recuerda en algunas veredas.
Desde la ciudad de Pasto, el trayecto hasta el municipio de Cumbal toma entre dos y tres horas en bus o vehículo particular. El camino puede continuar por carretera destapada hacia veredas como San Felipe, desde donde se inicia el ascenso a pie hacia la laguna.
El sendero tiene una extensión aproximada de 10 kilómetros, con un desnivel que alcanza los mil metros. La caminata, de dificultad moderada a alta, atraviesa zonas de páramo que exigen buena condición física, ropa térmica e impermeable, además de hidratación y alimentación ligera. Aunque el ingreso puede hacerse por cuenta propia, se recomienda el acompañamiento de un guía local, especialmente para evitar daños al ecosistema o desorientarse en la montaña.
El costo de ingreso es simbólico y oscila entre los 2.000 y 5.000 pesos por persona, dependiendo del acceso y si se cuenta con servicio de guía. En algunas ocasiones, los visitantes deben registrarse en el caserío de origen o en la base de entrada al sendero.
Durante el recorrido es posible observar especies como el venado de páramo, el cusumbo, la guagua, diversas aves rapaces y una gran diversidad de flora de alta montaña. El clima es frío y húmedo durante todo el año, con niebla frecuente en las tardes, por lo que se recomienda realizar el ascenso entre las siete de la mañana y el mediodía.
Una vez en la laguna, el visitante se encuentra con un paisaje sereno, rodeado por montañas que reflejan su silueta en el agua y con una vista, en días despejados, que alcanza incluso a los volcanes Chiles, Azufral y hasta el Cayambe en el vecino Ecuador.
Pese a su potencial, la laguna aún no cuenta con infraestructura turística ni promoción institucional, lo que representa tanto un reto como una oportunidad para el turismo sostenible y comunitario. Varias organizaciones locales han empezado a impulsar procesos de conservación con jóvenes indígenas y campesinos que buscan proteger el entorno y al mismo tiempo generar oportunidades económicas responsables.
A diferencia de otros destinos más populares de Nariño, la Laguna de Cumbal permanece como un lugar poco intervenido y de gran valor ecológico. Más allá de su belleza, es un territorio cargado de significado para los pueblos que habitan el altiplano de la sabana de Túquerres y Guachucal.
Fuente: Plataforma de turismo de Nariño (SITUR), blogs de senderismo en Wikiloc, Wikipedia, Mochiliante, Travelgrafía, testimonios de guías locales y publicaciones de la Gobernación de Nariño.
Realizado por: Leidy Lisbeth Pascuaza Barco