domingo, junio 7, 2026

Lulú no lo dejó solo: emotiva despedida a Pedro José Gallego, el guardabosques que entregó su vida a las montañas del Quindío

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En medio de lágrimas, dolor y homenajes sinceros, fue despedido este viernes en el cementerio de Filandia Pedro José Gallego González, el hombre que dedicó su vida a cuidar los ecosistemas del Quindío y que fue encontrado sin vida en la montaña, acompañado hasta el último momento por su perrita Lulú.

Pedro José tenía 61 años y era uno de los vigías ambientales más queridos de la Corporación Autónoma Regional del Quindío, CRQ. Desapareció el pasado viernes 13 de junio en zona rural de Calarcá, cuando realizaba labores de monitoreo en el núcleo de conservación de Navarco, una zona agreste del Alto de La Línea que conocía como la palma de su mano. Ese mismo día, alcanzó a enviar un mensaje con tono de urgencia: estaba desorientado y sin posibilidad de salir.

Desde entonces comenzó una intensa búsqueda, en la que participaron organismos de socorro como Bomberos, Cruz Roja, Defensa Civil, Ejército, Policía y rescatistas de la CRQ, junto a campesinos que conocen ese territorio como ningún otro. A pesar de las difíciles condiciones del terreno y el clima, nunca se detuvo la esperanza.

Cuatro días después, al caer la noche del lunes 16, dos campesinos que hacían parte del operativo lo encontraron sin vida en una zona boscosa de Navarco Alto. Pero no estaba solo. A su lado seguía su fiel perrita Lulú, deshidratada y exhausta, pero sin haberse movido un solo paso desde que su compañero cayó. La escena estremeció a todos.

La extracción del cuerpo fue una labor compleja, liderada por el Batallón de Alta Montaña No. 5, en conjunto con la alcaldía de Calarcá, la Secretaría de Gobierno, organismos de socorro y voluntarios que no dudaron en poner todo de su parte. Lulú fue entregada luego a la familia Gallego, que la recibió con el mismo amor con el que Pedro José siempre la consideró parte esencial del hogar.

Pedro José, aunque nacido en Herveo, Tolima, era quindiano de corazón. Aquí formó su hogar, crió a su familia y dedicó décadas a la protección de las montañas. En Filandia, donde vivía desde hace años, era querido por todos. La comunidad lo despidió como se despide a los grandes: con dolor por su partida, pero también con gratitud por su legado.

Desde la CRQ expresaron su profundo pesar por la pérdida de un hombre que más que un trabajador, fue un defensor incansable del medioambiente. La alcaldía de Salento también lamentó su fallecimiento y destacó su compromiso con la conservación. “Pedro José deja una huella imborrable en las montañas que tanto amó y protegió”, expresó el alcalde Santiago Ángel Morales.

Hoy su historia, y la lealtad de Lulú, nos recuerdan que detrás de cada guardabosques hay una vida de entrega silenciosa, de sacrificios y amor profundo por la naturaleza. Historias como la de Pedro José Gallego González merecen ser contadas y nunca olvidadas.

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