El expresidente uruguayo falleció a los 89 años, dejando un legado de lucha por la justicia social y una vida marcada por la humildad y la coherencia.
Noticia Internacional.
José ‘Pepe’ Mujica, expresidente de Uruguay y una de las figuras más auténticas y respetadas de la política latinoamericana, falleció este lunes 13 de mayo a los 89 años, luego de una larga lucha contra un cáncer de esófago que también comprometió su hígado.
En los primeros días de 2025, Mujica ya había anticipado públicamente su decisión de no continuar con los tratamientos médicos, afirmando:
“Hasta acá llegué, me estoy muriendo. Y el guerrero tiene derecho a su descanso”, como lo recogió el diario El País de España, en una de las últimas entrevistas que concedió.
Nacido en 1935 en Montevideo, Mujica forjó su camino en la política desde las bases más combativas.
Fue uno de los líderes del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, organización guerrillera urbana que luchó contra la represión y las injusticias sociales en Uruguay.
Durante la dictadura militar (1973–1985), fue capturado y pasó casi 13 años en prisión, la mayoría en condiciones inhumanas y de aislamiento. Esta experiencia lo marcó profundamente y moldeó su visión humanista de la vida.
Coherencia hasta el final
Al asumir la presidencia de Uruguay en 2010, Mujica llevó su filosofía de vida austera al poder. Rechazó los privilegios del cargo, vivió en su modesta finca a las afueras de Montevideo, conducía su propio Volkswagen Fusca y donaba el 90% de su salario a causas sociales.
Como bien explicó en vida, no se trataba de ser pobre, sino de vivir con sobriedad: “No soy pobre, tengo pocas necesidades”, solía decir.
Su estilo de gobierno fue tan revolucionario como su historia.
Bajo su mandato se aprobaron leyes progresistas que marcaron un antes y un después en la región: la legalización del matrimonio igualitario, la regulación del mercado del cannabis y la despenalización del aborto.
Como recordó el diario deportivo AS, Mujica fue considerado “el presidente más pobre del mundo”, aunque él se reía de esa etiqueta, subrayando que su riqueza estaba en el tiempo libre y la libertad de vivir como creía correcto.
En enero de 2025, Mujica anunció que su cáncer se había agravado. En una entrevista recogida por El Tribuno, explicó que no se sometería a terapias invasivas: “No quiero alteraciones que resten dignidad a mis últimos días”.
Hasta el final fue fiel a su ética personal, esa que le permitió mantenerse coherente entre lo que decía y lo que hacía. Murió en su chacra, acompañado por su esposa Lucía Topolansky y personas cercanas, en un entorno que había elegido como hogar mucho antes de llegar al poder. Allí también vivió sus últimos días con la misma sobriedad con la que gobernó.
Reacciones y legado tras el fallecimiento de Mujica
La noticia de su fallecimiento generó una oleada de reacciones en América Latina y el mundo. El presidente colombiano Gustavo Petro lo despidió con un emotivo mensaje en su cuenta de X, citando: “Adiós hermano Pepe y hasta la victoria siempre. Ojalá nuestra América del Sur tenga un nombre: la Amazonía, y ojalá América Latina tenga un himno en su unidad, como es tu sueño”, como registró Caracol Radio en su cobertura sobre las reacciones regionales.
Desde Uruguay, el actual presidente Yamandú Orsi declaró duelo nacional, y en declaraciones citadas por Cadena SER, destacó que Mujica “fue un hombre coherente, que gobernó desde la honestidad y murió tal como vivió: con dignidad y humildad”.
Pepe Mujica encarnó una forma rara y valiosa de hacer política: aquella que se vive con los pies en la tierra, los principios intactos y el corazón puesto en los más humildes.
Su muerte representa el cierre de un capítulo en la historia del progresismo latinoamericano, pero su legado ético, su ejemplo de renuncia al poder por convicción y su llamado constante a la reflexión seguirán resonando. En palabras suyas: “La libertad no es hacer lo que uno quiere, sino tener tiempo para vivir”.